12 Diciembre 2025

Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe
Evangelio
Lucas 1, 39-47

En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno.

Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la Madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor”.

Entonces dijo María: “Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador”.


Reflexión
Julia King
Directora Asociada del Programa de Notre Dame Vision

En el evangelio de hoy, María emprende un viaje apresurado para visitar a su prima
Isabel, quien milagrosamente ha concebido un hijo a pesar de su avanzada edad. María no espera
a que Isabel le confirme la noticia, sino que de inmediato emprende el camino, la busca y la
saluda con esperanza. La respuesta de Isabel al saludo de María es una respuesta de profunda fe,
pero también de perplejidad. Llena de asombro, se pregunta: “¿Y cómo es que la madre de mi
Señor viene a mí?” (Lucas 1:43).

Hoy, en el día de la Virgen de Guadalupe, se nos invita a reflexionar sobre cómo María
nunca deja de viajar con prisa para acompañar a su pueblo, especialmente a los olvidados y los
oprimidos. Cuando Juan Diego se encontró con la Virgen en el cerro del Tepeyac, al igual que
Isabel, se llenó de asombro y no podía creer que la madre de Dios se le apareciera, un pobre
indígeno sin poder ni estatus. Sin embargo, no fue a pesar de su pobreza, sino precisamente por
ella, que la Virgen lo encontró con prisa y lo eligió como portador de esperanza. De alguna
manera, todos somos Juan Diego, quizás sintiéndonos olvidados, indignos o no amados. Es en
los momentos más bajos que ella se apresura a salir, nos levanta con su mano, nos sacude el
polvo y nos envía con esperanza. La fiesta de hoy también nos invita a ver a los Juan Diegos del
mundo a través de los ojos amorosos de Guadalupe, con ojos compasivos para reconocer su
dignidad inherente y con pies rápidos para apresurarnos a acompañarlos en su necesidad. A
través de la Virgen de Guadalupe, el mensaje de esperanza de Dios se revela a quienes se sienten
rechazados e indignos, afirmando su dignidad y confiándoles la misión de ser portadores de
esperanza para el mundo.