9 Diciembre 2025

Martes de la segunda semana de Adviento
Memoria Opcional de San Juan Diego Cuauhtatoatzin
Evangelio
Mateo 18, 12-14


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se le perdieron. De igual modo, el Padre celestial no quiere que se pierda uno solo de estos pequeños”.


Reflexión
Timothy Matovina,
Profesor de Teología


El cuidado preferencial de Dios por quien se pierde o se considera insignificante se refleja en los encuentros de Nuestra Señora de Guadalupe con San Juan Diego, cuya fiesta celebramos hoy. La historia del amor maternal de Guadalupe no borra las dolorosas realidades cotidianas de la vida: al igual que Juan Diego, muchos de sus devotos sufren pobreza y rechazo. Se sienten tentados a interiorizar los efectos acumulativos de estas experiencias y a percibirse
como inferiores. Sin embargo, numerosos devotos atestiguan que Guadalupe los eleva como hizo con Juan Diego, fortaleciendo sus pruebas y dificultades. Saber que tanto Guadalupe como Juan Diego nos acompañan nos da motivos para tener esperanza.

Incluso un observador casual puede ver que la justicia, la dignidad humana, la conversión
y la reconciliación que Guadalupe proclamó a través de sus encuentros con Juan Diego apenas
comienzan a aflorar. Algunos podrían preguntarse si, de hecho, hemos retrocedido en el
hemisferio americano desde que comenzó la tradición de Guadalupe hace casi 500 años. En
última instancia, Guadalupe, al igual que el cristianismo mismo, no trata de una solución
simplista a las dificultades de la vida. Pero su amor maternal por Juan Diego y por nosotros
significa que nunca tendremos que afrontar nuestras penurias solos. Ella es una fuente de valor
para enfrentar la pecaminosidad del mundo tal como es y una visión brillante del mundo tal
como será en el plan divino de Dios. Como proclamó el Papa Francisco cuando visitó México y
la Basílica de Guadalupe en Tepeyac en 2016:

Aquella mañana, en esa reunión, Dios despertó la esperanza de su hijo Juan y la
esperanza de un Pueblo. Esa mañana, Dios despertó la esperanza de los pequeños, de los
que sufren, de los desplazados o rechazados, de todos los que sienten que no tienen un
lugar digno en estas tierras.

Que hoy podamos recibir y ser fuente de esa esperanza. San Juan Diego, ruega por nosotros.